Del mismo modo que las nubes se conocen a sí mismas cuando
rompen y se convierten en lluvia, los seres humanos lo hacen cuando transitan
de una vida impersonal a la conciencia personal.
Ordeno mi biblioteca y rememoro cada hallazgo, cada nube que
se rompió y transformó en río, la claridad sobrecogedora que dejó tras de sí. Afuera,
la presión mediática y social tiene la fuerza de una obsesión colectiva: debes
hacer esto, mostrarte de esta manera, opinar de aquella forma, vivir, en
definitiva, un doloroso fingimiento.
Hay poderes velados que hacen cotidiano lo abominable. Ser un
ciudadano razonablemente adaptado, tan políticamente correcto como gregario, se
ha convertido en algo peligroso.
Ricardo García Nieto
-¿Qué segunda fase?
-La guerra.
-¿Qué guerra?
-Cualquiera vale. Pero Irán podría ser el enemigo que todo lo justifique. Y cuando digo “todo” no me quedo corto. La incertidumbre y el miedo hará que los sucios rebaños no se atrevan ni a respirar.
-¿Y después qué?
-En la tercera fase, habrá un evento celeste.
-¿Qué evento?
-El que ha de suceder o el que, sencillamente, nos permita protagonizar nuestra tecnología. O ambas cosas a la vez. Da igual. La imaginación hará su trabajo y el hombre volverá de golpe al pertinente estadio infantil del que nunca debió salir, y se doblegará ante el líder o mesías que elijamos.
-¿Y si me decidiera a informar de vuestros planes a cuantos quieran escucharme?
-Hazlo. Pondrás tu granito de arena en el nuevo orden. Hemos ido cociendo lentamente a las masas. El cine, la televisión o las novelas de ciencia ficción han sido nuestro fuego. Cuando reveles estas cosas, te dirán que has visto muchas películas, que se te han reblandecido los sesos lo mismo que a Alonso Quijano al leer tantas novelas de caballerías. Serás un… ¿Cómo se dice ahora? ¡Ah, sí! ¡Un conspiranoico! Eso es, un conspiranoico…
-¿Por qué me cuentas todo esto?
-Necesitamos locos que digan la verdad.
-¿Para qué?
-Precisamente para que la verdad sea tomada por asunto de locos.
-Sinceramente, no me creo nada de lo que me has dicho.
-Perfecto. ¿No lo ves? En cualquier caso, habremos logrado nuestro objetivo.
-Malditos seáis.
-Siempre lo fuimos.
(En este punto, el narrador duda de sus recuerdos, se aleja del papel y la pluma, y decide prepararse una taza de té con la convicción de no volver al tema).
Ricardo García Nieto