martes, 25 de febrero de 2014

MOMIFICADOS: LA NUEVA CLASE MEDIA


La mañana de los momificados comienza con un café con queja o resignación. Encienden la radio y se duchan bajo los vómitos de las castas dominantes. Después, se van a trabajar bajo unas condiciones propicias para la ira o la tristeza. Las compras posteriores mitigarán esos sentimientos, que volverán con más fuerza al día siguiente. Así echan para adelante: mediante carencias que ningún objeto, estatus o título podrá sanar.
Los momificados van de bulo en bulo: desinformados y sobreinformados. Las verdades anoréxicas u obesas sólo son medias verdades: peores que mentiras. Con ellas se les gobierna, conduce y mata.


Ricardo García Nieto

sábado, 15 de febrero de 2014

YO NO SOY LA MARCA ESPAÑA

Por mucho que se empeñen en vender este país, yo no voy en el lote. Nunca controlarán ni lo que pienso ni lo que soy capaz de hacer. No soy una marca a disposición de los mercados financieros. No soy domable. Puedo seguirles el juego hasta acabar con ellos. Hasta verlos a todos en la cárcel. La razón es bien sencilla: los dueños de las formas políticas nada pueden con las potencias espirituales. El individuo tiene la libertad, siempre la tendrá, por mucho que se la mermen. El individuo aislado concentra en sí más poder que un partido, que un ejército, que cualquier usura impuesta por sus gobernantes.
Nuestros políticos no son la democracia.
La democracia es la forma que tiene un pueblo de no ser esclavizado.
Nuestros políticos no simbolizan la democracia.
La democracia se simboliza en el acto libre de cada ser humano.
Nuestros políticos no representan a los ciudadanos.
Representar viene del latín “repraesentare”: SER con reiteración (RE) y SER delante, antes, mucho y más (PRAE).
Nuestros políticos no están ni delante de nosotros para defendernos, ni antes que nosotros para hacerlo, ni siquiera dispuestos ni mucho ni más a jugarse un meñique por nosotros.
Se limitan a vendernos y a reiterarse a sí mismos.
Nuestros políticos ni siquiera son nuestros.
Son de su partido.
Los nuestros, los verdaderamente nuestros, no se venden. Son anónimos. Se mueven en ese silencio que jamás podrán controlar… Más poderoso que un partido, que un ejército o que cualquier usura impuesta por unos traidores.

Ricardo García Nieto

jueves, 13 de febrero de 2014

ROBOTS, SALAMANDRAS Y GALATEAS

Si yo dijera que soy un robot o una salamandra, quien me leyera pensaría que he perdido el juicio o que he leído demasiadas novelas de ciencia ficción. Sobre lo segundo, estaría en lo cierto. Sobre lo primero, no seré yo quien desvele dónde empieza o termina la cordura de nadie y, mucho menos, la mía. No hemos de menospreciar a los modernos Quijotes cuando ven sus molinos, pues el actual bracear de los gigantes se mimetiza con el entorno y deja sus cardenales económicos y políticos.
Que vivimos en una España de robots y salamandras, y que quien me lea está en proceso de serlo, si no lo es ya, es para mí incuestionable. De ello dieron cuenta los relatos de anticipación cuando se convirtieron en libros de Historia. Claro está, una Historia narrada unas veces en lenguaje simbólico; otras veces, con descripciones substanciosas.
Las novelas de ciencia ficción tienen su carcasa como la nuez su cáscara. Abrirlas, amén del gesto físico de separar sus pastas, precisa de una mirada ascensorista, capaz de bajar varios niveles de lectura. Hoy quisiera ir al entresuelo de dos obras de Carel Capek, que reflejan con mucha anterioridad el mundo que fatigosamente respiramos: R.U.R. Robots Universales Rossem (1920) y La guerra de las salamandras (1936).

R.U.R. (Rossumovi univerzální roboti, 1920) es una breve obra de teatro. Es célebre por tratarse del primer texto impreso en el que aparece el término “robot”, neologismo inventado por Josef Capek, hermano de Carel, a partir de la expresión checa “robota”, que significa “trabajo de esclavos”. Robot es la palabra checa más conocida en el mundo. Hay que destacar que estos primeros robots de la historia -literaria o no- eran idénticos a nosotros: nada de hierros, tornillos y tuercas. Se fabricaban a partir de una sustancia que imitaba la materia viva (protoplasma) por medio de la síntesis química.
Detengámonos en este pasaje:

DOMIN: […] ¿Qué tipo de trabajador cree usted que es el mejor desde un punto de vista práctico?
ELENA: ¿El mejor? Quizá el más honrado y más trabajador.
DOMIN: No, el más barato. Aquel cuyas necesidades son mínimas. El joven Rossum inventó un obrero que tiene un mínimo de exigencias. Lo tuvo que simplificar. Rechazó todo aquello que no contribuía directamente al progreso del trabajo. De esta forma rechazó todo aquello que hace al hombre más caro. En realidad lo que hizo fue rechazar al hombre y hacer el robot. Mi querida señorita Glory, los robots no son personas. Mecánicamente son más perfectos que nosotros, tienen una inteligencia enormemente desarrollada, pero no tienen alma. (1)

Como una pandemia, se ha extendido por el mundo el virus de los recortes laborales. Para sobrevivir, ya no como empresas, sino como países, hemos de ser competitivos. Y para serlo, se han de diezmar salarios a la par que se aumentan las horas de trabajo del empleado. El trabajador barato, no el honrado, es el que sobrevive. A Estados Unidos y Europa ha llegado esta gripe que vienen padeciendo demasiado tiempo ya los obreros del Tercer Mundo. Tanto allí como aquí, el motor es el miedo a la hora de decidir: ¿qué prefieres un trabajo que roza la esclavitud o ninguno? (2)
¿Exagero si digo que los mercados financieros están convirtiéndonos en robots? (3) Creo que no. Es más, yo diría que los están fabricando, con el mensaje y masaje de los medios de comunicación, desde la cuna hasta la sepultura.
Siguiendo con el símil de los robots, podríamos acordarnos de las leyes robóticas que estableció Isaac Asimov, por primera vez, en su cuento Círculo Vicioso (Runaround, 1941). Asimov atribuye las tres Leyes de la robótica a John W. Campbell, que las habría redactado durante una conversación sostenida el 23 de diciembre de 1940. Sin embargo, Campbell afirma que Asimov ya las tenía en su pensamiento, y que simplemente les dieron, entre los dos, una expresión más formal.
Sea como fuere, y teniendo en cuenta que ya somos robots diseñados por los mercados financieros, las tres leyes robóticas de Asimov podrían reescribirse así:
1)    Ningún trabajador (robot o salamandra) causará daño a los mercados financieros o permitirá, con su inacción, que los mercados financieros sufran daño;
2)    todo trabajador (robot o salamandra) obedecerá las órdenes que le den los mercados financieros, a menos que esas órdenes entren en conflicto con la primera ley;
3)    y todo trabajador (robot o salamandra) podrá proteger su propia existencia, siempre que esa protección no entre en conflicto con la primera o la segunda ley.

Quien me lea se preguntará a cuento de qué viene tanta salamandra. Procedo a explicarlo.
Dieciséis años después del éxito de R.U.R., Carel Capek publicó en Praga La guerra de las salamandras (Válka s mloky, 1936). En una isla del Pacífico se descubren unas salamandras gigantes e inteligentes, del tamaño de un niño de diez años. En el agua nadaban, pero en el fondo caminaban sobre las patas traseras como un ser humano. Tenían manos, como las personas, sin garras, más parecidas a las manos de los niños, con una cola parecida a la de los peces y sin aletas. Y con una cabezota redonda. Este descubrimiento cambiará el mundo. Al igual que los robots de R.U.R., las salamandras se convierten en mano de obra barata cuando se funda el “Sindicato de las salamandras”, que no era otra cosa que un grupo financiero encargado de la crianza y distribución de la esclava especie. Leamos este texto:

Hagan el favor de tomar papel y lápiz. Seis millones. ¿Ya está? Multiplíquenlo por cincuenta. Son trescientos millones, ¿no? Multiplíquenlo otra vez por cincuenta. Eso es, quince mil millones, ¿no es cierto? Y ahora, por favor, señores, tengan la amabilidad de decirme qué vamos a hacer de aquí a tres años con quince mil millones de salamandras. ¿En qué las vamos a emplear? […] La alimentación de las salamandras cuesta unos céntimos diariamente; si una pareja de salamandras se vendiese, digamos a cien francos, y si la fuerza de trabajo de una de ellas durase aunque fuese solamente un año, el dinero invertido se le amortizaría fácilmente al comprador. […]
El Consejo de Administración propone que sea creado un nuevo trust vertical, bajo el título de “Sindicato de las Salamandras”. Serían miembros del Sindicato de las salamandras, además de los componentes de nuestra Sociedad, determinadas grandes empresas y fuertes grupos financieros. […]
Entramos realmente en la Utopía. ¡Ya estamos en ella, amigos! Debemos solucionar el futuro de las salamandras, solamente, en su aspecto técnico. (4)

Muy bien. Hasta aquí el texto de Carel Capek, en el que se describe la reunión del consejo de administración de una sociedad. Podría ser el de cualquier compañía energética, calculando la subida del recibo de la luz o del gas. O la de cualquier Banco Central meditando el porcentaje de los tipos de interés. ¿Un consejo de ministros, quizá? No sé, sinceramente no creo que tenga tanto poder…
Lo significativo es la ausencia de escrúpulos a la hora de gestionar la vida de una especie, dócil e inteligente, cuyo aspecto es el de un niño de diez años.

Las salamandras, al igual que los robots, pueden servirnos, en general, como metáforas del hombre actual, y de españoles, portugueses y griegos, en particular. Seres a los que se mira desde lo alto de la pirámide económica como mano de obra de ocasión, prácticamente a saldo, sujeta a pocos derechos y de la que se espera el máximo rendimiento.

El crecimiento económico, a costa de lo que sea, como nueva Tierra Prometida; la mentira política como único horizonte de sucesos; y el urgente consumismo como actividad única a la que se ve abocado el ser humano, va dejando tras de sí largos regueros de sangre desde el tercer mundo al primero. Los podemos apreciar en las marcas que deja nuestro carrito de la compra en los grandes almacenes.
En la obra de Capek, Robots y Salamandras inician una guerra por su liberación y dominio. Y los resultados son catastróficos para la Humanidad, que en ambos casos pierde.

Los robots acaban con todos los seres humanos del planeta, a excepción de uno: el Jefe de Talleres  Alquist, precisamente el único hombre que empleaba aún sus manos para trabajar. Y, precisamente, el único operario de la fábrica que estaba en contra de la fabricación de robots:

ALQUIST: Ha sido un crimen fabricar robots.
DOMIN: ¿Qué?
ALQUIST: Que ha sido un crimen fabricar robots.
DOMIN: No, Alquist. No me arrepiento de eso ni siquiera hoy.
ALQUIST: ¿Ni siquiera hoy?
DOMIN: Ni siquiera hoy, el último día de la civilización. Fue una gran aventura. (5)

Y, precisamente, el único hombre al que los robots perdonan la vida:

(Entran más robots por la izquierda)
RADIUS: ¿Habéis acabado con ellos?
OTRO ROBOT: Sí.
DOS ROBOTS (Arrastrando a Alquist): No ha disparado. ¿Le matamos?
RADIUS: Matadle (mirando a Alquist). No, dejadle.
ROBOT: Es un hombre.
RADIUS: Es un robot. Trabaja con sus manos como los robots. Construye casas. Puede
trabajar.
ALQUIST: Matadme.
RADIUS: Tú trabajarás. Construirás. Los robots van a construir mucho. Van a hacer casas
nuevas para robots nuevos. Tú les servirás.(6)

Y las salamandras inician su guerra contra el hombre por pura necesidad, buscando ese espacio vital que tanto nos recuerda las justificaciones de Hitler para invadir Europa.

«¡Haló, hombres! Conservad la calma. No tenemos propósitos hostiles contra vosotros. Pero necesitamos más agua, más bancos de arena. Somos demasiadas. Vuestras costas ya no nos bastan. Por eso tenemos que destruir vuestros continentes. Haremos de ellos bahías e islas. Así podremos multiplicar por cinco la longitud de las costas del mundo. Vamos a construir nuevos bancos de arena. No podemos vivir en las profundidades de los mares. Vamos a necesitar vuestros continentes como material para rellenar el fondo de los mares. No nos guía el interés de perjudicaros, pero somos demasiadas. Por ahora os aconsejamos que os trasladéis a las ciudades del interior. Podéis vivir en las montañas, porque es lo último que derrumbaremos».
«Vosotros nos habéis buscado, nos habéis repartido por todo el mundo. ¡Pues ya nos tenéis! Queremos vivir en buenas relaciones con vosotros. Nos proporcionaréis acero para construir nuestros taladros, picos y palas. Nos suministraréis torpedos. ¡Trabajaréis para nosotros! Sin vuestra ayuda no podríamos acabar con los viejos continentes. ¡Haló, hombres! Chief Salamander, en nombre de todas las salamandras del mundo, os ofrece la colaboración. Trabajaréis con nosotros en la destrucción de vuestro mundo. Muchas gracias.» (7)


La propensión del hombre a crear alguien a su imagen y semejanza ha sido reflejada desde siempre en los mitos y la literatura. En muchas ocasiones, esa emulación de Dios es falsa. Capek sabía que no buscábamos Pinochos en ese futuro posible donde crearíamos o domesticaríamos una especie. Nuestra inclinación natural tal vez propenda a la creación de un esclavo. O en todo caso, alguien sin otro fin que someterse a nuestros intereses de la misma manera que nosotros nos sometemos a los intereses de los mercados. Ese equívoco, en la obra de Capek, conllevaba la perdición de la raza humana. Una metáfora más de lo perdidos que estamos ya. Perdición no física, sino espiritual y racional.

Un último apunte. En el libro X de La metamorfosis, de Ovidio, podemos entrever el primer robot o salamandra y su razón de ser.
Pigmalión, rey de Chipre, no encontraba la mujer perfecta con la que casarse. Y desistió. Dedicándose a esculpir preciosas féminas con las que combatir su soledad. Y de una de esas estatuas, llamada Galatea, se enamoró.

esculpió un marfil, y una forma le dio con la que ninguna mujer
nacer puede, y de su obra concibió él amor.  (versos 248-249)

Los labios le besa, y que se le devuelve cree y le habla y la sostiene
y está persuadido de que sus dedos se asientan en esos miembros por ellos tocados (versos 256-257)

Y le pide a los dioses que conviertan a la mujer de marfil en su esposa de carne y hueso. Y sus deseos se cumplen.

y echándose en su diván le besó los labios: que estaba templada le pareció;
le allega la boca de nuevo, con sus manos también los pechos le toca.
Tocado se ablanda el marfil y depuesto su rigor (versos 281-283)
[…]
un cuerpo era: laten tentadas con el pulgar las venas. (verso 289)
[…]
ella a Pafos dio a luz, de la cual tiene su isla el nombre. (verso 297)


Para Pigmalión, lo dado por naturaleza no es suficiente. Sus exigencias cruzan la frontera del narcisismo al sólo amar una estatua por él creada. Nada más que ésta le vale. Tenía que ser así y así, y no de otra manera, la mujer que a él se someta y le dé hijos.
Los reyes del siglo XXI, la nueva sangre azul de los mercados financieros, también tienen sus Galateas. Nos referimos a los modelos prefabricados por la industria del espectáculo y la pasarela. Miles de millones de dólares invertidos en “formas de ser” modernas… Formas (no más) que nos dicen cómo hemos de vivir, estar, qué consumir y esperar. Robots y salamandras de nivel superior, en cualquier caso, que “educan” a las que abarrotamos los niveles inferiores.

¿Qué podemos hacer? Tomar conciencia.
Somos huellas que se encuentran antes de que se dé el paso. Retumbamos antes de que la puerta se cierre con violencia y nuestra piel se eriza antes de la caricia. El tiempo nos engaña. Porque vamos por delante de él. Tal vez somos empujados por la sabiduría de un corazón que aprendió a pensar mejor que el cerebro.
En los tiempos que corren, es necesario que confiemos en ese saber que no presume de serlo.
Algo nos dice que el momento ha llegado. Y lo hace serenamente.
Latimos más allá de la moneda o la máquina. Respiramos más allá de lo que no nos exime de su cumplimiento. Justo donde nuestras huellas se encuentran.


Ricardo García Nieto.





(1) Hermanos Capek, R.U.R. Robots Universales Rossum, Alianza Editorial S.A., 1966, pg. 8.

(2) Según los datos que la OIT publica en su Informe global de salarios de 2012/2013, las nóminas en España están ya por los suelos. Tan sólo once países tienen la mano de obra más barata que España: Filipinas, Hungría, Polonia, Brasil, Eslovaquia, Estonia, la República Checa, Portugal, Argentina, Singapur y Grecia. Pareciera que quisiéramos ponernos a la cabeza. Si el mejor obrero es el más barato. Ya estamos entre los mejores.

(3) Cuando se habla en los medios de comunicación de las exigencias de «los mercados», en realidad no se hace referencia a los mercados en general, sino a un tipo muy particular de mercados que presentan hoy día una enorme importancia: los mercados financieros.
Como resultado de la aplicación de las políticas neoliberales durante las décadas de 1980, 1990 y 2000 —particularmente la liberalización y des-reglamentación del sector financiero, así como los procesos de privatización y apertura externa de las economías—, los mercados financieros han experimentado un trepidante desarrollo y una fuerte internacionalización.
A mediados de la década de 2000 el volumen de divisas negociadas en un solo día era sesenta veces superior a la cifra de importaciones mundiales diarias, y ochocientas veces superior al volumen de inversiones extranjeras directas que se efectúan en un día.

¿Quiénes son los mercados financieros? Son unos pocos los inversores que concentran la mayoría de los activos, de las transacciones y, en definitiva, del poder. Estos son fundamentalmente los grandes bancos (bancos comerciales y bancos de inversión), los inversores institucionales y las agencias de calificación (3.1).
Los grandes bancos comerciales, tanto americanos (Citigroup, JP Morgan Chase, Bank of America) como europeos (Barclays, UBS, HSBC, Deutsche Bank, BNP Paribas, Santander, BBVA), son quienes otorgan la mayoría de los préstamos utilizados para adquirir títulos financieros. Los inversores institucionales (fondos de inversión, fondos de pensiones, compañías de seguro y hedge funds) se sitúan también en el núcleo duro de los inversores financieros. El mayor fondo de inversión del mundo es la compañía BlackRock.
NACHO ÁLVAREZ PERALTA ¿Quiénes son «los mercados»?, Icaria Editorial S.A., 2011, págs. 15-21

(3.1) Las agencias de calificación o rating son empresas que, por cuenta de un cliente, califican productos financieros o activos ya sean de empresas, estados o gobiernos regionales (estados federados, comunidades autónomas). Wikipedia.org: “Agencias de calificación de riesgos”.

(4) Karel Capek, La guerra de las salamandras, Ediciones Hiperión S.L., 1ª reimpresión, 1996, págs. 120-125

(5) Hermanos Capek, R.U.R. Robots Universales Rossum, Alianza Editorial S.A., 1966, pg. 32-33.

(6) Hermanos Capek, R.U.R. Robots Universales Rossum, Alianza Editorial S.A., 1966, pg. 42-43.

(7) Karel Capek, La guerra de las salamandras, Ediciones Hiperión S.L., 1ª reimpresión, 1996, págs. 260-261

jueves, 23 de enero de 2014

ME ACUSO


Uno sólo ve lo que ya conoce. El niño que miraba con horror la sonrisa de los asesinos de su familia se pondrá, de adulto, a la defensiva ante cualquier sonrisa. Uno sólo distingue lo ya experimentado. Es una forma de ceguera. Una manera de dislocar la realidad. De romperle los tobillos para que el tiempo se quede en el mismo sitio, que es ninguno.
Me acuso de estar ciego. Y sé que mi salvación radica en ser consciente de mi ceguera.
Palpo las sombras que me llevan atrás. Agarran mis manos y las sueltan lo mismo que el pez escupe el bocado envenenado.
Es una ventaja.


Ricardo García Nieto

sábado, 11 de enero de 2014

LA OCASIÓN PRESTADA


Somos moribundos. Vivimos por vivir hasta que la enfermedad, un suceso inesperado o un caótico montón de circunstancias nos sitúa ante un mar terrible. Tenemos dos opciones: cruzarlo o no. Si no lo cruzamos, el miedo habrá decidido por nosotros y seguiremos muriendo en vida. Si nos atrevemos a cruzarlo, nos habremos desprendido de cuanto creíamos importante y nos encontraremos con nuestras almas de una vez por todas. Habrá mar gruesa. Las olas irán y vendrán como recuerdos, golpeando nuestra embarcación, divisaremos islas sombrías y costearemos acantilados negros, sin vida, como lápidas gigantes con nuestro nombre. Tras la última noche, borrosa e incomprensible, una noche acostada sobre el océano lo mismo que un párpado sobre otro, vendrá el alba. Renacer será algo más que cruzar una frontera. Lo invisible cobrará forma y pagará sus deudas con lo visible. Y comprenderemos que la vida es tan sólo una ocasión prestada para vencer el miedo.
Cuando rompa el alba, ya no habrá más noches. Pero seguiremos mirando las estrellas.


Ricardo García Nieto

miércoles, 8 de enero de 2014

NUESTRO GOBIERNO Y LA ATRACCIÓN DEL MAL

Nuestro gobierno se ha emperrado tanto en la atracción del mal que los españoles se miran en él como si fuesen ellos quienes lo atraen, como si cada ciudadano llevase consigo una porción de tempestad. Esto hace que las responsabilidades se repartan como panes y peces regurgitados del infierno.
La negligencia de este gobierno sobrepasa con mucho las dimensiones del autoritarismo: manosea a su antojo la democracia y la justicia hasta hacerlas a su imagen y semejanza. Nos pone ante los ojos el espejo del fracaso y parecemos aceptarlo; hasta lo hacemos nuestro. No hay perversidad mayor que la de arrancarle el alma a un pueblo: robotizarlo. Los españoles sudan y se lamentan desde su propia substancia. Y al hacerlo se agotan. Pierden el futuro lo mismo que un tren. El último tren. Nuestros quebrantos son el dividendo de unos pocos elegidos. Y aceptamos este hecho con morbosa naturalidad: “es lo que hay. Así están las cosas”.
Cuando el gobierno alardea de sus proezas económicas, me siento como el esclavo romano, encadenado a su remo en las galeras, al que un tribuno anuncia la conquista de tierras a los bárbaros por parte del Imperio. Para el esclavo nada cambia. El descenso de la prima de riesgo y el alza de las bolsas en nada mitigan la precariedad laboral, las agonías económicas, el estrés de la competitividad o la ausencia de coberturas sociales. No hay ganancias para él. Estos ficticios éxitos, propios de un país a saldo, son la manera de borrar el atisbo de principios nuevos, que condujeran a otro modelo de sociedad. La masa no informada del saqueo de este país puede creer que la solución de todo está en esos datos lejanísimos de su horizonte vital de sucesos. Tiene fe en la mentira que identifica la prosperidad de los amos del dinero con la de los cada vez menos dueños de su trabajo.
La atracción que nuestro gobierno hace del mal ha devuelto los mercaderes al templo; es más, los ha instalado en nuestros corazones. Estamos espiritualmente rotos. Nuestros perfiles se han acusado. Y nos acusan. Si un pintor con alma nos retratase, veríamos en su lienzo a seres tan ajenos como grotescos. El retrato de Dorian Gray cobra vida hacia la perversión; el nuestro nacería de ella. Los monstruos de la resignación deforman sus vidas y las de sus hijos. El porvenir les aúlla y no lo oyen.
Mientras tanto, hablarán los expertos, que siempre se equivocan, sobre el próspero mundo al que nos dirigimos como reses al matadero. Esta euforia sin motivos se contagia con tan poco decoro, que a uno le dan ganas de hacer lo que Martin Heidegger le escribía a Ernst Jünger en junio de 1965: lo mejor es quedarse en la propia habitación de uno y ni siquiera mirar por la ventana.

Ricardo García Nieto

martes, 7 de enero de 2014

DETALLES TARDÍOS


La dicha está emparentada con el dolor. Pretender que todos los fragmentos de una vida encajen hasta formar el mosaico deseado puede ser un llamamiento a la fatalidad. Las biografías autorizadas son productos en los que el biografiado se cuida mucho de los desacordes. Por eso resultan cojas o mancas. O ambas cosas a la vez. En las relaciones de amistad, es mejor no conocer detalles. Preguntar por ellos es una forma voluntariosa de asegurar una muerte indigna a quien profesas aprecio. Al menos en ese hospital psiquiátrico al que llamamos imaginación. La vida revelada debiera ir quedándose muda en tanto se hace de rogar. Hay un punto de no retorno en el que los secretos no deben conocerse nunca. A veces, es preferible la decepción del ocultamiento a la tardía flor del conocimiento.
Una sola e inevitable brizna dice más del conjunto que una fotografía por satélite.
El ápice más triste de la aurora contiene en sí el mediodía.
Unos granos de sal, el sabor del océano. Quédate con ellos si no quieres que el presente se esfume para siempre.


Ricardo García Nieto

domingo, 5 de enero de 2014

POEMA DE ESPAÑA


No releeré el poema que ahora escribo;
treinta años corrigiendo me han bastado
para aprender de todos los borrones,
de los falsos profetas de la patria,
del dolor, que es un viejo amigo mío,
como también lo es tuyo. Lo sabemos:
hemos venido a remontar un cauce
de antiguas pesadillas, tan correctas
que parecen felices sueños. Mienten
muy dentro de nosotros, nos conducen
con sus ágiles pies a cualquier tumba,
cualquiera vale en un país de muertos
que no saben pararse. Estamos cerca
de todos los desagües, persistimos
como si persistir fuese la meta.
No voy a corregir lo que callamos.
Es necesario depredar los mitos
que nos han convertido en hombres huecos.


Ricardo García Nieto

sábado, 4 de enero de 2014

EL VISLUMBRE CREADOR


Alrededor de la isla singular de cada cual se van formando corales ignorados. Hermosas barreras que nos protegen de invasiones sombrías. Cuando buceamos, las admiramos con sorpresa. Surgieron en momentos de gracia que experimentamos con la misma premura con que los olvidamos. Nada ha de turbarnos para ser conscientes con plenitud de esos regalos de la Providencia. Algo difícil al ritmo de vida que se nos ha impuesto. ¿A qué me refiero? A veces, vislumbramos algo que RESUENA en nuestro interior. Carece de detalles. Y cuanto más aplicamos la mirada sobre él, más difuso se nos muestra. La segunda de sus características es la calidez, la calidez esperanzadora que imprime al corazón. Es exactamente lo antagónico a un dolor precordial. Es lo que llamaré VISLUMBRE CREADOR. Tenerlo presente, sin saber aún lo que es, nos guiará con confianza hacia una CONCRECIÓN que dará paz y sentido a nuestra existencia. Éste es su tercer rasgo: su función orientadora. Lo he denominado “creador” por su cuarta propiedad: CREA nuestra vida conforme lo percibimos. Responde a cada jugada del tiempo (no del destino) sin que nuestro territorio personal sea devastado por depresión alguna. No hablo del voluntarioso optimismo que todo lo pretende servir con su mejor aspecto. Ni hablo de la fijación de una meta, de un logro material, ni del ascenso por los escalafones del sistema implantado. No hablo tampoco de la ambición ni del deseo. El vislumbre creador nos sume en un estado de gracia, de máxima receptividad a lo que ha de venir de lo difuso. Traza nuestro rumbo y lo seguimos sin miedo. Dota de sentido. Cuando acontece lo que se va creando, el vislumbre se va concretando hasta dejar de serlo. Si te niegas a seguir ese rumbo –puedes hacerlo con el escueto margen de tu libre albedrío-, irás muriendo sin saber por qué fuiste arrojado a este mundo. Cuando el vislumbre creador deja de ser vislumbre (pues todos sus detalles están a la vista) y deja de ser creador (pues su obra ha concluido), te encuentras ante una nueva vida. La borrosa estrella te ha sacado de las tinieblas. Ahora eres tú, de nuevo, el hacedor de tus días.
Cuando al fin salgas del tiempo, habrás cumplido tu misión, habrás amado enteramente y te habrás respetado a ti mismo.


Ricardo García Nieto

viernes, 3 de enero de 2014

EL RESTO SON DETALLES


Soy la numeración de muchas vidas.
Repitiéndome existo, como un número
mal puesto en las variables del futuro,
del eterno retorno: esa mentira
que camina hacia atrás. Soy el que olvida
las palabras que dijo, los escudos
que levantó, las lanzas que detuvo,
la amargura, que siempre fue la misma.
Tú, que me ves tan pulcro, te equivocas:
estoy hecho de tiznes y lunares
que me presta mi sombra.
No esperes más de quien llegó tan tarde
al estreno sin fin de su persona.
El resto son detalles.


Ricardo García Nieto

miércoles, 1 de enero de 2014

TODO SE SOSTIENE MIENTRAS SE DERRUMBA


Todo se sostiene mientras se derrumba.
¿Qué hemos hecho mientras dormíamos? ¿Qué hemos hecho en nuestro sueño colectivo para llegar hasta aquí? ¿En qué nos hemos equivocado? ¿En elegir a unos podridos representantes? ¿Sólo en eso?
Me lo pregunto porque percibo en el aire una resurrección: emanaciones de aquí y de allá, sentimientos de renovación cuando no de cólera.
Nos consta que cuando los gobiernos corruptos cuadran sus cuentas, dejan tras de sí algo más que tragedias singulares: la aniquilación de la esperanza y el vacío mental de una sociedad, a la que se nutre con estiércol, bajos instintos y recelos de unos grupos sobre otros. Pero vemos más lejos. Si escuchas a alguien expresarse en lengua extraña, puede que te informes mejor sobre la disposición de su alma que entendiendo las palabras que dice. Este tipo de intuiciones se multiplica día a día cuando escuchamos a nuestros políticos. Se desnudan sin saberlo cada vez que hablan. Éste es el síntoma más claro del cambio al que estamos abocados como estado.
La hibernación nos ha regalado una segunda mirada.


Ricardo García Nieto