martes, 12 de julio de 2011

ANTES DEL SALTO DE CONCIENCIA


Antes del salto de conciencia, los hombres sólo servían para producir, servir y consumir. Malgastaban su destino. O simplemente se olvidaban de él.
El crecimiento económico era más importante que el espiritual. Nadie tenía a quien orar, ninguna esperanza para más allá de la muerte, ningún proyecto moral.
Los poseedores del dinero lo ponían en circulación para crear burbujas que se hinchaban con el crédito. Luego lo retiraban y se quedaban con todo tipo de bienes: casas, tierras, automóviles, joyas…
Había un mundo al que denominaban “tercero”: continentes en los que se dejaba al ser humano como pasto del hambre, la enfermedad y la injusticia. Eran continentes llenos de recursos naturales cuyos moribundos habitantes no podían tocar.
A la Tierra no se la trataba como a una madre, sino como a una prostituta. Aún las había por aquel entonces.
Recuerdo muy bien cómo comenzó aquel segundo decenio del tercer milenio. Tanto, que hasta me tiembla la mano cuando escribo.


Ricardo García Nieto