jueves, 20 de mayo de 2010

JULIÁN BESTEIRO


Sólo hay una forma de mística: la del ser humano que se trasciende a sí mismo. Lo puede hacer en la contemplación, en la devoción, en la meditación, en el arte… Pero también en la acción sobre el mundo que le rodea. Ir más allá de sí mismo, de los intereses de su ego, familia o grupo es algo reservado para muy pocos. Y... mucho menos para un político. Pero los ha habido. Y en España, el más señalado por ese carácter de la Providencia se llamó Julián Besteiro. Como el héroe platónico que sale de la gruta para ver la luz, Julián Besteiro salió de la caverna española de la década de 1930 para advertir de la inminencia de la Guerra Civil y, una vez que estalló, para pedir constantemente la paz. Socialista denostado por los propios socialistas, negociador denostado por aquellos vencedores con quienes quiso llegar a un acuerdo de paz, decidió no huir; se quedó en Madrid, consumido por la enfermedad, empleando todas sus energías frente a un micrófono, un hilo de voz como una súplica por el fin del absurdo derramamiento de sangre. Y se lo agradecieron con la cárcel. Condenado a treinta años de prisión, murió en el presidio de Carmona, enfermo el cuerpo y resplandeciente el alma, el 27 de septiembre de 1940.

Ricardo García Nieto.